Se me divorciaron las manos,
anoche discutieron poco antes de dormir.
Una , la más débil, la menos hábil,
cogió el vaso de la mesita de noche
y presa del cólera lo dejó caer
antes de voltear.
Se empuñó sólo por no renunciar
al reloj del abuelo y al oro del anillo.
La otra, la que sabe escribir,
se levantó desvelada a medianoche,
lo pensó dos veces y antes de abandonar a la una,
cogió las monedas del cajón
y con un cigarro entre los dedos
dejó una carta al amanecer.
La carta como era de esperar
decía que se largaba para siempre
…con tu espalda.
Manos